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ENTRENANDO CON… MIGUEL ÁNGEL SILVESTRE
Por Juan Rallo y Begoña Gutiérrez. Fotografía de Eduardo Soria
SEGUNDOS
FUERA
Su cuerpo es de los que salen en portada (en la revista que tienes en tus manos, sin ir más lejos). Y es que el actor Miguel Ángel Silvestre tiene pegada entre las mujeres... y entre las paredes de un gimnasio. Nos hemos fajado con él para conocer sus secretos.
Cuando le propusimos a Miguel Ángel que entrenara con nosotros, recogió el guante, concretamente de boxeo. Así que allí nos fuimos, con todo nuestro equipo, rumbo a Madrid, al Club Deportivo Barceló, donde nuestro hombre hace puños siempre que su agenda se lo permite. Y qué demonios, ambos están de moda. El boxeo porque volverá a la gran pantalla con la vida hecha película de Ringo Bonavena, sin contar con que los gimnasios lo utilizan cada vez más como actividad para moldear el cuerpo; mientras que al bueno de Silvestre no hay quien lo apee de las carpetas de adolescentes gracias a su trabajo canalla en Sin tetas no hay paraíso.
> Entramos en el gimnasio vía sala de musculación y, acto seguido, ya estamos en la sala de boxeo, donde queda más que confirmado lo que decíamos antes: esto es una macedonia de puñetazos. Una danza de calzones y uppercut de alta intensidad.
> Nos encontramos con el entrenador de Silvestre, José Valenciano, un veterano del negocio, director técnico de la Federación Madrileña de Boxeo y del Club Deportivo Barceló de Madrid. Todo un mito, responsable de haber hecho sudar la gota gorda a un nutrido grupo de actores: Javier Bardem, Fernando Tejero, Ariadna Gil, Pilar López de Ayala... Valenciano nos confiesa que todos los artistas que acudieron a él, en un primer momento buscando preparación para un papel, terminaron por rendirse al deporte: muchos de ellos siguen practicando el boxeo en la actualidad.
> La amistad entre el entrenador y Miguel Ángel Silvestre se remonta a 2006, cuando el director Iñaki Dorronsoro los puso en contacto durante la pre-producción de su película La Distancia, curioso thriller ibérico con cracks de la interpretación como Federico Luppi y Lluis Homar. Silvestre debía convertirse en un boxeador en el plazo de dos meses. O al menos dar el pego. En total, fueron 60 días de cuadrilátero. Aunque el actor se traía la lección aprendida: “Miguel, como ex tenista profesional, ya venía con una preparación física muy buena”, cuenta José Valenciano. “Su fondo físico era realmente ejemplar. Recuerdo que tenía una coordinación en brazos y piernas excelente”. A pesar de que la materia prima era buena, quedaba mucho trabajo por hacer. “La cuestión era conseguir que Miguel Ángel tuviese aspecto de boxeados profesional”, relata. “De ahí que nuestro entrenamiento lo centrásemos en dos partes: la técnica y el trabajo de musculación”. “Entrenamos cinco horas en dos turnos: una hora y media de preparación física y tres y media de técnica”, indica Valenciano.
> Así, en lo que a incremento de masa se refiere, Miguel Ángel Silvestre entrenó tres grupos musculares al día, “con series largas o circuitos al principio y series más cortas, de seis a ocho repeticiones a medida que se iba acercando el rodaje”.
El resultado salta a la vista. Y no sólo físicamente: en la actualidad, Miguel ángel Silvestre es un boxeador de lo más capaz. “Tiene alma de guerrero”, apostilla Valenciano. “Podría competir a nivel amateur sin ninguna clase de problemas”.
> A estas alturas, hasta a mí me están entrando ganas de ponerme los guantes y lanzarme al ring. Por eso, le pregunto a Miguel ángel qué es lo que tiene el boxeo para que atraiga de esta manera. El actor rompe el mito de la violencia gratuita. “Sobre todo es un deporte muy divertido”, contesta. “cuando estás en el ring te olvidas del mundo, de todo lo que te rodea... incluso de lo cansado que estás. Fíjate si es así que durante el rodaje me llegaron a noquear en un par de ocasiones”.
> Desde un punto físico, silvestre asegura que el boxeo te ayuda a conocer tu cuerpo, a coordinarlo. “Es un deporte que te obliga a estar alerta. Tiene mucho de estrategia: hay que saber reaccionar ante las técnicas de tu rival”. Lo más curioso, es que la gran estrella de Sin tetas no hay paraíso asegura que el boxeo te beneficia más allá de la lona. “Desde que lo practico conozco mejor mi cuerpo. Y es algo que se nota fuera del ring. El boxeo mejora la confianza en uno mismo”, dice.
> Me da la sensación de que aquí, en el Club Deportivo Barceló, se vive a flor de piel. Silvestre lo confirma: “Todo aquel que entra al gimnasio lo hace para entrenar de verdad. No importa ni quién seas ni de dónde vengas. En el ring todos somos iguales”. Las 400 personas que se reúnen aquí se mueven en una franja de edades que oscila entre los cuatro y los 60 años. Eso sí, a los veteranos se les nota más fuertes y definidos. Lógico, por otro lado.
> Miguel ángel y José ya están en el ring, lo que me arranca de sopetón de mis reflexiones de mercadillo. El entrenamiento del que soy testigo es sencillamente espectacular. Una cosa es describirlo, otra verlo. Hay velocidad en los movimientos y, sobre todo, fuerza. El gimnasio se llena con el sonido de los guantes de Miguel Ángel estrellándose contra las manoplas del entrenador.
> Volvemos a hablar con Silvestre, ahora ya más relajado, y le preguntamos por qué el boxeo le ha robado el corazón. “Me ha hecho un hombre en el buen sentido de la palabra. En ningún sitio te sientes tan solo como en el ring”, reflexiona. A su juicio, no deja de ser como la vida: tienes que estudiar a los rivales, pensar rápido, actuar, tener confianza en ti mismo...
> Asimismo, recalca que es muy noble. “Los golpes, siempre de frente”. Y yo recuerdo de nuevo la película que le presentó el boxeo a este actor. Donde Federico Luppi hablaba de mantener siempre la distancia. Por que esa es también, si se piensa, otra lección que aprendes en la lona.
LA VIDA A GOLPES
Lo de ser actor ni se lo planteaba. Miguel ángel Silvestre quería cosechar éxitos sobre tierra batida hasta que una lesión se cruzó en su camino. Pero, por suerte, descubrió el teatro. Desde entonces es un triunfador: La Distancia, película de Iñaki Dorronsoro, nos descubrió a un actor competente; su éxito televisivo, a un sex symbol. Y él, a todo esto, tan tranquilo. ¿Su lección magistral?: nunca hay que dejar de ser un niño.
> Una lesión te alejó de tu sueño de convertirte en tenista profesional, pero está claro que lo superaste...
En parte fue gracias al teatro. Viendo un ensayo de mi tía Ana, que es profesora, volví a sentir la pasión que sentía cuando practicaba tenis. Me fascinaba ver gente mayor jugando como niños. Eso hizo que me enganchase a la interpretación.
> Sentías la misma pasión, pero ¿y la mentalidad competitiva?
Me ayudó mucho, desde luego. El espíritu de sacrificio del deporte es muy positivo para la interpretación.
> ¿Sorprendido por el éxito de Sin tetas no hay paraíso?
Jamás me lo hubiera imaginado. Nunca esperas que un personaje pueda gustar tanto.
> Dicen que la fama cambia. ¿También a ti?
La mayor parte de mis mejores amigos vienen del boxeo, como José Yebes Mota, tres veces campeón de España, contra el que “peleé” en La Distancia y con el que, desde entonces, mantengo una buenísima amistad. Igual que él viene a verme a los estrenos, yo voy a verle a los combates y sufro desde abajo del cuadrilátero.
> ¿Qué peso tiene la familia en tu vida?
Muchísimo. Sé que puedo contar con ellos. Tengo una familia impresionante: con mis padres y mi hermana hablo todos los días. Les cuento todo.
> ¿Y cómo lleva tu madre eso de verte en la tele haciendo el amor con una chica?
Más que ruborizarse con esas escenas, sufre cuando me pegan. No soporta verlo.
> ¿Y lo de que toda España vea desnudo a su hijo?
Es trabajo. Ya te digo que las escenas más complicadas no son en las que te desnudas físicamente, son en las que tienes que desnudar tu alma. Ahí es cuando descubres muchas cosas de ti mismo. Cosas que no sabías y que, a veces, duelen.
> ¿Y qué has descubierto?
Que cada uno tiene un niño pequeño que sufre dentro. Pero eso ya pasó. Ahora soy muy feliz, prefiero mirar al presente.
> ¿Qué harías si se torciesen las cosas en el mundo de la interpretación?
Cuando se terminó mi carrera en el tenis, creí que me moría. Pero la vida me ha vuelto a sorprender. He aprendido que hay que dejarse llevar porque estas cosas surgen sin avisar y te can cambiando el rumbo. Hay decisiones que duelen, pero siempre esconden un porqué, algo que sólo llegas a ver más tarde, con el teimpo. Aprendí a vivir como si fuera el último minuto de mi vida. Ahora soy muy consciente de lo que estoy viviendo y no quiero dejarlo escapar. Pero también soy consciente de que es un regalo y de que hay grandes actores que no han tenido la misma suerte. Por eso disfruto a tope: el trabajo, el amor y el dinero.
> Alguna importancia habrá tenido el físico en tu éxito.
Mucha, pero el talento tiene que existir. Una foto sin alma deja de tener atractivo a los 30 segundos de verla. Yo me mentiría a mi mismo si dijera que el físico no me ha ayudado, pero uno también tiene que cultivar el arte si quiere dedicarse a esto.
> ¿Cómo te preparas?
A la vez que trabajo sigo tomando clases de interpretación y estudiando inglés. También tengo un entrenador personal de arte dramático. La cuestión es no dejar nunca de entrenar la imaginación, que, en definitiva, es el arma que necesitamos tener siempre lista los actores. Hay que seguir siendo un niño de cuatro años con un arco y unas flechas para jugar a los indios. Esto me gustaría recalcarlo.
> ¿Te ves en Hollywood?
De momento, me quedo tomando la paella con romero que hace mi madre. Creo que allí hay grandes contadores de historias, pero de momento mis raíces están aquií.
> ¿Qué puedes hacer cuando se te plante delante, por poner un ejemplo, una mujer como María Grazia?
Como tío pienso: voy a hacer un esfuerzo para mirarte a los ojos. Es muy bonita, pero también es cierto que tiene mucho más peso su bondad que toda la sensualidad de su físico.
> ¿Cómo afrontas las secuencias tórridas?
Hasta el momento las mujeres que he tenido que besar son muy amigas mías, y hay muchísima complicidad antes y durante el rodaje. Lo veo como un juego. Lo que intento hacer es disfrutar. No me supone ningún problema. Empecé en el cine besando a Silvia Abascal, así que supongo que no tuve un mal comienzo.
Fuente: Men's Health, Abril 2008